miércoles, 12 de septiembre de 2018

UN HERMOSO ANTROPÓFAGO (cuento)


        Lo conoció en un bus camino a la capital; era tan hermoso, que creyó que una estrella de cine  se le había escapado a Hollywood, por lo que pensó que era necesario hacerse notar de alguna manera para llamar su atención, y lo logró; como ese día encontró el bus lleno,  le correspondió ir de pie; sólo tuvo  que esperar un frenazo para dejarse caer justo sobre las  piernas de él , y luego pedir una excusa que resultó  en acercarlos más de lo esperado.
    Así  comenzó el noviazgo entre Raquel y Dino, cuya  relación  maduró lo suficiente como para contraer matrimonio, y comenzar a preparar los papeles con los que  la novia viajaría a Europa con el fin de residir en el país  de donde era oriundo su esposo.
    La boda fue muy sencilla; los novios lo dispusieron todo de manera que no se llamara mucho la atención, invitando estrictamente a la  familia,  y uno que otro vecino, para no rayar en los extremos. Otra cosa que quedó claro, fue que no habría luna de miel hasta tanto la pareja pudiera reencontrarse de nuevo en el país de residencia, por lo que se descartó hacer alguna reservación en un hotel local, o del interior, pues habían quedado en que él partiría en la mañana temprano.
     Esa noche no hubo movimiento de cuerpos en el cuarto de Raquel, más bien, se escucharon los tempraneros ronquidos del recién casado, pues desde temprano se le notaba exhausto del  cansancio.
     En la mañana siguiente, Dino tomó un avión y se fue del país con destino a Europa, quedándose aquella hermosa mulata  a la espera de concluir el proceso para partir días después.
     Los documentos no tardaron en completarse; no había pasado una semana cuando ya a Raquel le había llegado una remesa con los euros necesarios para concluir los trámites faltantes, y comprar el boleto de avión con el destino señalado.
      El proceso culminó con éxito, y Raquel pudo reunirse días después con su esposo, quien la esperó en el aeropuerto para llevarla con él a la casa.
      Desde que salieron de las áreas urbanas, Raquel notaba extrañada como se iban alejando de los espacios habitados, al tiempo que se internaban en un área rural compuesta por una amplia zona boscosa, en la que de vez en cuando podía verse algún rancho abandonado y en ruina.
       Después de seis horas del largo trayecto en el que apenas hablaron, llegaron a una casona de piedra y madera, que quedaba justo al centro de una extensa finca de pastizales y espinos.
       Al entrar a la casa, Raquel tuvo miedo; pensó en su madre y su vida feliz en su país natal. No comprendía nada.
        Dino la tranquilizo, hablándole sobre las mejoras que haría en los próximos días; entró las maletas hasta la habitación que usaba, y le preparó el baño.
        Mientras Raquel se disponía a desvestirse para bañarse, Dino hacia una llamada.
-          Ya es la hora; está en el baño. ¿Cuanto son? ¿Quince? Anden…y no olviden que esta vez me toca la cola y la cabeza.- concluyó.
     Esa noche, aquella vieja casona volvió a cobrar vida como cada cierto tiempo; hubo gritos, alcohol, drogas, sexo,   y música estridente hasta el amanecer; también hubo estofado.
      Apenas a un mes del viaje de Raquel, su madre comenzó a llamar a la embajada para saber su paradero; siempre se le veía salir con un pañuelo en las manos, y luego se sentaba en una mecedora a llorar su desventura, por lo ingrata que le salió su hija.
        Una década después un hombre fue arrestado, y confesó que formaba parte  una secta neonazi que reclutaba personas en diferentes países; que después de violar, y matar a sus victimas,  se las comían.
       A ese hombre lo llamaban Dino.




FIN

Pablo Martínez
Dominicano


lunes, 10 de septiembre de 2018

DIENTE ( Cuento)


DIENTE (Cuento)

     Gustavo nació con dientes, y para colmo, nació con uno que le sobresalía a los demás, por lo que desde que vio la luz, su propia familia le pusieron el mote de: Diente.
La vida de Diente no era nada agradable, pues con ese sobrenombre, no pedía llegar muy lejos; sus oficios no pasaban de labores agrícolas, pero en el que más se destacó fue como ayudante de albañilería en el que trabajó hasta pasados los veinte años.
Diente desarrollo un cuerpo fornido, y por esa razón se le vio sirviendo de pacificador en algunos bares del pueblo, por lo que el dueño de una discoteca muy popular en su época lo contrató como seguridad y orden. 
      En esas labores pasaba su tiempo; sacando borrachos impertinentes y evitando líos. La gente del pueblo lo conocía bien y lo quería, al igual que los empleados de la discoteca.
Una noche, un cliente pasado de tragos se puso de mal humor, discutiendo de manera acalorada con el dueño de la discoteca; el cliente era un hombre fuera de seria, mucho más fuerte que Diente, quien no tuvo mas remedio que enfrentarlo tratando de maniatarlo para que saliera del negocio. El forcejeo llegó hasta la pista de baile. Allí estaban solos los dos; la gente se aglomeró alrededor de ellos, y comenzaron a aplaudir con algarabía cada vez que había un juego de llave del que podían zafarse. La gente gritaba: pégale el diente, pégale el diente; pero Diente solo quería aquietarlo. Por fin apareció el dueño del negocio, e hizo una seña para que diente dejara el pleito, y así lo hizo. Aquello había sido todo un espectáculo.
      A la mañana siguiente, apareció un carro negro en la discoteca. Un hombre con lentes oscuros, acompañado del cliente impertinente de la noche anterior bajó del automóvil. El dueño de la discoteca envió por Diente, quien tenia el día libre, y al llegar se sentaron a conversar.
- ¿Que le pareció el espectáculo de anoche, el que dieron su empleado y mi amigo aquí presente?- preguntó el hombre al dueño de la discoteca, en el momento en que se quitaba los lentes, y dejaba ver sus ojos claros.
-No sé, su amigo estuvo muy impertinente anoche, y Diente solo hacia su trabajo.- Dijo.
-Usted no me ha entendido.- Sacó una cámara video casette, y le mostró el video de la pelea- Observe bien, mire como gritan, disfrutaban de la pelea.-
- Y que tiene que ver eso con mi negocio, yo vendo bebida y hago fiestas, de eso vivo.- dijo el dueño de la disco.
-Aun sigue sin entender. Soy promotor de lucha libre, y lo que ocurrió anoche fue intencional, no fue improvisado para nosotros. Estamos buscando luchadores en toda América Latina; creo que aquí hemos hallado un buen prospecto. Le propongo diversificar el espectáculo. Entre las diversiones de la discoteca estarán los encuentros de lucha libre, si usted quiere nos hacemos socio en esa parte del negocio, pero hay que empezar ahora mismo a diseñar un nuevo interior para que quepa más gente y el espacio del ring. Ya veo en mi mente la cartelera del próximo mes.- Dijo.
    El dueño se dejó convencer de aquel hombre, y firmó contrato. El negocio fue cerrado durante dos semanas para reparación, tiempo que le dieron para que Diente descansara. 
El día esperado llegó; desde hacia una semana completa se anunciaba en cartelera frente a la discoteca, y los parlantes no dejaban de vocinglar en todas las calles la sensación del momento: Diente contra Cabeza de Hierro. 
    El dueño de la discoteca esperaba impaciente por su empleado. Le dijeron que tenían mucho sin verlo, pero que de seguro ya aparecería.
Los trabajos de ampliación habían quedado a las mil maravillas, y el decorado fue modificado de tal manera que era notorio el cambio radicar que se había hecho. Al centro, un gran ring de lucha libre, adornado de luces multicolores, se destacaba como atracción principal en aquel gran escenario.
    Al pasar las horas la situación se puso más difícil; Diente no aparecía por ningún lado.
Un mensajero llegó con algo en las manos, procurando al dueño.
-Dígame ¿En qué puedo servirle joven? – Preguntó el dueño, entre la música estridente del lugar que ya empezaba a recibir gente.
-Aquí le traje algo que me mandaron traer.- Dijo, pasandole un paquetito
El dueño de la discoteca se apartó un poco hasta buscar un espacio, y poder ver el mensaje.
Era una cajita, como de fósforo, junto a una tarjetita envuelta en papel de regalo. Abrió la tarjetita, y leyó: Toy pegando block en San Martín. Lo siento mucho. Se aflojó y no hubo mas remedio que sacarlo. Ahí se lo mando. Atentamente: Gustavo.
Al abrir la cajita, el dueño de la discoteca pudo visualizar un gran incisivo central superior de alrededor de cuatro centímetros, y lo reconoció; sí, ese era. 
Esa noche, dos luchadores se enfrentaron en el debut de las nuevas instalaciones; uno de ellos llevaba una mascara y un gran diente colgado del cuello. 
- pégale el diente, pégale el diente.- vociferaba la gente dese ese día en los momentos más decisivos de la lucha libre.
    Tiempo después, en el interior del país, un hombre afable jugaba dominó junto a sus amigos; apenas hacia unos meses que había llegado de la ciudad, y ya todos lo conocían; él era Gustavo, el Albañil. 

FIN
   
FIN

Pablo Martínez
Dominicano

jueves, 6 de septiembre de 2018

LA PAUSA (relato)


       Los rigores con que Beatriz creció no le permitían andar en malos pasos; su madre le había dicho que si metía la pata tenia que jugársela sola,  porque lo que todos esperaban de ella, era que fuera una sierva del señor,  inmaculada y casta, y que cuando se decidiera por tener marido, lo hiciera con todas las de la ley;  profesional, y debidamente casada por la iglesia, como era su deseo.
      Lo que su madre no sabia, era que  la joven Beatriz,  hacia tiempo que salía con un chico que conoció, y  que su relación era tan profunda que muchas veces lo normal era no ir a clases, sino, verse con él  en cualquier lugar, ya fuera en cabañas, casa de amigos, o al aire libre.
      Por esa razón, cada vez que su madre comenzaba con su perorata, ella se sentía importunada, y lo que hacia era trancarse en su cuarto, y no abrir la puerta hasta que fuera  a salir de la casa a ver al novio, con el pretexto de que  se iba a estudiar.
      Su relación iba viento en popa, cada vez con más ilusión y pasión, hasta que un día estaba sentada en una butaca tomando clases, y sintió un vértigo extraño que la hizo perder el conocimiento despertando en la enfermería de la universidad, con la noticia de que estaba embarazada.
      No hubo peor noticia que aquella. Sintió que su vida terminó en ese instante, y su malestar físico, se convirtió en un tormento nunca antes sentido en lo que llevaba de vida. 
Su pensamiento entró en confusión extrema.
       Pensó en su madre y sus consejos permanentes, cuando le  advertía  que si no se cuidaba tendría que bandeársela sola, y resolver  con su vida.
No paró de llorar todo el trayecto hasta donde tomaría el bus. La gente le preguntaba,  pero ella callaba.  
       Después de pensarlo bien decidió compartir aquella situación con el causante de su desgracia: su novio.
 - No hay  mas remedio, me tendré que ir  a vivir amancebada con mi novio, tendré el bebé y después nos casaremos, así que lo llamaré. - pensó, al tiempo que marcaba su numero.  
- Hola, amor… quiero hablar contigo personalmente; ¿tú puedes venir al Parque Independencia,  que  estoy cerca?-
- Dime, ¿pasa algo?- preguntó el novio
-No, nada, ven que no puedo decírtelo por teléfono.- Dijo la joven
- Llego ahí en alrededor de cuarenta y cinco minutos, dependiendo del transito.- Dijo el novio.
 -Esta bien, te espero, ven rápido… besos.- Concluyó la joven.
        Una hora mas tarde llegó el novio, amoroso y contento con su amada. Se sentaron en uno de los bancos del lugar, y comenzó el interrogatorio de lugar.
-Dime, ¿te hizo algo tu mamá? ¿Necesitas algún dinero?- peguntó  el novio de manera  inquisidora.
- Nada de eso; sólo quiero saber si tú me amas como yo a ti.- indagó la chica.
- De amarte, amarte, claro que te amo;   sabes que eres la  chica que más me gusta ¿Y qué con eso?  Preguntó al terminar.
         -Es que hoy perdí el conocimiento, sentí un mareo, y desperté en la enfermería. No quería decirte nada, pero estoy embarazada.- Dijo, casi imperceptible.
   -¿Qué? ¿Que estas embarazada, dijiste? Pero que tiene eso que ver conmigo. Si estas embarazada debe ser de algún otro. Ustedes las chicas siempre salen con alguien más; no puede ser mío. Dijo el novio, contrariado.
- Qué me estas diciendo, si sabes que sólo salgo contigo; no tengo dudas de que eres el padre, no fue por eso que te llamé. Es que mi madre me va a matar si se entera, por lo que lo mejor es que me vaya vivir contigo- Dijo.
- Pero ¿tú esta loca? Tú no puedes vivir conmigo, ya yo tengo una mujer mudada, y tenemos un hijo; así que vete a ver como tú resuelves eso. Si quieres te consigo algún dinero para que te lo saques. Dijo,  el hasta ese momento amoroso novio.
      Las palabras sobraban ese día. La renuencia del joven, a aceptar aquella situación la hizo comprender el error que había cometido. Pensó en su madre, y se dio cuenta que tenia razón; siempre la tuvo, pero ella nunca la  tomó en cuanta.
      ¿Qué haría ahora? ¿Adonde iría?- Pensaba, mientras se volvía un mar de llanto.
Caminó toda la Avenida Mella hasta la cabecera del puente, y decidió cruzarlo a pie. Miró la gran altura que había hasta el río, y lo turbio y profundo de las aguas.  Se imaginó volando en un clavado mortal, y sembrarse hasta el fango de aquel lodoso, y contaminado río, que semejaba mas un pantano asqueaste y cenagoso.  Se detuvo un momento, e intentó trepar las barandillas, pero una mano la contuvo firmemente. Era su novio, y andaba con su mejor amiga de la universidad
-¿Ven acá mi amor, qué piensas hacer?- Dijo. Mientras la abrazaba tiernamente.
      Le contó que ya su amiga le había dicho todo antes de que ella  lo llamara, y que decidieron hacerle una broma, para ver como reaccionaba. Que aquello que  le había dicho no era verdad, y que tenía todo preparado en su casa para para empezar una vida juntos. El alma le volvió a entrar en el cuerpo, y entre sollozos se fue recobrando de aquella pesada broma.
      Esa noche, la madre de Beatriz la esperaba impaciente; ya debía haber llegado pensaba,   y  que tenía que ir con ella a la iglesia.
      Al llegar a su casa, el novio de Beatriz, estaba sumamente  contrariado y nervioso. Levantó el celular para leer un nuevo mensaje que decía: Gracias por la oferta;  tendré mi hijo sola. No te necesito. 
      En  la casa de la madre, la hermana de Beatriz recibió un mensaje de whatsaap.
- Dile a mamá  que no me espere, me quedé con mi amiga Vanesa.- Mas una foto de una prueba de embarazo que decía: POSITIVO.

FIN
     


     

Pablo Martínez
Dominicano.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

AHÍ DICE PÁJARO (relato)





          Cuando Jhonny cumplió los nueve años creía que ya era un hombrecito. Desde ese día, se le notaba mas despreocupado con el tiempo, y ya era costumbre sus tardanzas cuando lo mandaban hacer alguna diligencia, aunque fuera cercana. Todo eso cambió un día.
          Era un lunes radiante, de esos que invitan a devolver el domingo y tomarlo libre. Fue precisamente lo que Jhonny hizo; se fue directo al río con sus amiguitos a pasárselo de lo lindo, olvidándose por completo que el resto del mundo existia.
Ese día no hubo diversión que no realizara; desde jugar a las pancadas dentro del agua, hasta tumbar mangos en la rivera del río; no había nada mejor que pasársela junto a sus panas.
         Pero el tiempo pasó y se hizo tarde. Cuando su mamá, lo vio llegar, salió a su encuentro vara en mano.
- Mira muchacho ´el demonio, donde era que tu etaba metio que tampoco fuite a la ecuela; muchacho ´e la porra que no sabe ni lee.- Decía, mientras agarraba el libro de lectura por un lado y a su hijo por el otro.
- Yo se leer, mamá, yo se leer.- Dicia el niño al ver la actitud de su madre.
- -Déjeme ve si e verdá ¿Que dice aquí?- Dijo, señalando en el libro una imagen redonda.
- Aro- Respondió el niño.
- ¿Y aquí?- preguntó. Señalando la figura de un ave en el libro.
- Loro. Contesto el niño.
- No, ahí no dice loro; ahí dice pájaro. Muchacho tan bruto, y no quiere í a la ecuela- decia la madre, mientras lo azotaba con un fuete de charamicos, llenándolo de un ardor terrible y de arañazos por todo el cuerpo.
        Al otro día, Jhonny se fue temprano a la escuela. Aun estaba adolorido, y tenía algunas marcas de los fuetazos del día anterior. En el recreo le habló a su maestro y abrió el libro.
-Profesor, qué dice aquí.- señalando en el libro una imagen redonda.
-Aro- Respondió el maestro.
- Y aquí- Señalando en el libro la la figura de un ave.
-Loro- Contestó el maestro.
-Profesor, ¿usted esta seguro que ahí dice loro?- Preguntó de niño.
-Si, Jhonny, tú también lo sabes. Eso lo dimos la semana pasada.- Dijo el maestro.
-Profesor, es que mi mamá me pegó ayer, porque ella dice que no es loro, que ahí dice pájaro- dijo el niño.
-Mira, no se lo diga, pero parece que tu mamá no sabe leer. Cuando te pregunte, dile que ahí dice pájaro; pero cuando cualquiera te pregunte, o yo te pregunte, di como es en realidad.- Aconsejó el profesor para salir bien de aquella situación.
        Desde ese día, cuándo la mamá de Jhonny preguntaba qué decía en el libro, señalando la figura del ave; siempre le contestaba: Pájaro; si era el maestro, o algún compañero de clases quien preguntaba, su respuesta era: loro. 

FIN


Pablo Martínez
Dominicano

martes, 4 de septiembre de 2018

LA ALERGIA (relato)



       Las bombillas quemadas no sirven para nada, la gente acostumbra tirarlas a la basura desde que fueron inventadas, pero para Carlito, de apenas seis años no tenían precio. Desde que vio a sus amiguitos llegar con dos y tres bombillas cada uno, solo se preguntó: ¿donde estaba yo?
        Cómo era posible que todos ellos tenían muchas bombillas y él no, y no sabía donde encontrarlas. Preguntó dónde era que estaban. – Están en el patio de la casa del coronel.- le dijeron los demás chicos. El coronel, casi en espera de su  retiro por la edad, había estado al servicio de las fuerzas armadas en tiempo de la dictadura, y vivía con su esposa  en esa casona arrumbado como un mueble viejo más. Lo que nadie sabía, era que con ese coronel  trabajaba un tío suyo que era  policía, por lo que se veía  normal que de  vez en cuando visitara esa la casa donde ya lo conocían bien. No lo pensó dos veces, y salió a  buscar las bombillas. Como la casa no tenia cerca,  entró directamente al patio y lo recorrió todo. No había bombillas a la vista. Solo basura entre las yerbas, y algunos patos deambulando de aquí para allá.
        Contrariado, ya se iba  con las manos completamente vacías, cuando vio algo que le llamó la atención: un nido con huevos. Los revisó, y eran lindos, redonditos y blancos como perlas grandes. Irse sin  nada no parecía buena idea, así que tomó un huevo y   se marchó.
          Al llegar a su casa mostró el hermoso huevo que había encontrado, y le preguntaron donde fue que lo había hallado. - Una palomita bajo del cielo y lo puso ahí, al lado de los farallones,  y yo lo tomé, y me lo traje.- respondió, casi inocente. Tomó el huevo, y lo puso entre las brasas de un anafe repleto de carbón. A las dos horas llegó su tío el policía, y habló con su cuñada, una mujer recia y enemiga de lo ajeno.
-Carlito, ven acá. ¿Dónde fue que tú encontraste ese huevo?- Preguntó su madre.
-Bueno, una palomita bajó del cielo y lo puso ahí, por los farallones, y yo lo tomé.- Repitió el niño nuevamente.
       Nadie supo a donde fue a parar el huevo esa tarde noche. La madre no dio tregua, tomó unos ramos de yerbas secas, y le propinó una pela entre las piernas que los gritos se oyeron en todo el vecindario. Nunca había sentido algo semejante; un picor indescriptible al compás de los ramasos que creía interminables. Cuando por fin lo soltó, notó los arañazos que  le quedaron en todo el cuerpo. Aquello era algo  que nunca la olvidaría
        Tiempo después, ya con catorce años,  a inicio de la clase en la escuela,  llegó la hora del almuerzo, y Carlito no probó bocado, por lo que la maestra se le acercó preocupada.- Carlito, que te pasa que no comes, estas enfermo?- Preguntó.
-          No maestra, no puedo comer lo que trajeron de compaña, me hace daño- Contestó el adolescente.
-¿Cómo así  de que te hace daño? Si está buenísimo, es un guisado de huevo- Pregunto, al mismo tiempo que afirmaba la maestra.
- Si profesora, yo lo sé; lo que pasa es que desde chiquito a mi el huevo me da alergia.- Contesto el jovencito, y abrió un cuaderno.

FIN

Pablo Martínez
Dominicano.

lunes, 3 de septiembre de 2018

UNA COMIDA ( Relato)



      La opulencia en que vivía la familia Ramírez era conocida por todo el pueblo. Aquella casa, parecía más una mansión londinense en competencia con el palacio de  Buckingham, que una casa de familia donde apenas convivían cuatro personas, que eran atendidos por  quince empleados que se encargaban de todos los pormenores.

        La Doña era una mujer joven de apenas unos treinta y cinco años; una rubia altiva de buen porte, que se ganaba el respeto de quienes la conocían; el Don, que casi nunca estaba, era un hombre que rondaba los cincuenta años, quien tenía múltiples negocios en Suramérica que lo hacían durar largas temporadas apartado de la familia, por lo que ya era costumbre su ausencia. Su hijastro, Iván  tenia veinticinco años de edad, y en el pueblo se le consideraba un  azote por las diabluras que realizaba cuando tomaba alcohol. La menor era su hija Cristina, quien había cumplido los dieciocho, y se sabia de su retraso en el aprendizaje producto de una caída al nacer.

       El dinero para la familia no era problema, los negocios del Don eran tan lucrativos, que cuando salían de compras no pedían precio de los artículos, sin importar lo que fuera, desde ropa de marca, un automóvil o un yate. Fue por esa razón que nunca tomaron en cuanta la necesidad de estudiar una carrera, y realizar un oficio para ganarse la vida, algo que veían como una ofensa a su posición económica, ya que durar unos cinco años en la universidad era para ellos una perdida de tiempo.

       En aquella mansión, la comida era algo a lo que no le ponía atención; se desperdiciaba tanta, que se había vuelto algo normal ver  gente hurgando en sus desechos buscando todo tipo de comestibles con los que mantenían sus animales.

       Una mañana, la Doña se dirigía fuera de la casa en su convertible rojo, y en el  portón de salida, pudo ver a un hombre, junto a otras personas buscando entre la basura. Se sintió indignada, y se detuvo.

- Oigan, que buscan entre la basura.- preguntó-

El hombre, demacrado y andrajoso por la mala vida, se le acercó.

Na, patrona, solo bucamo algo pa ´ lo animale, y si nos sirve, pué, no lo comemo también.- Dijo, algo temeroso.

-   No saben que no se debe hurgar en la basura, que eso es insalubre, puede causarles una enfermedad que los puede matar;  que eso es cosa de  perros, no de seres humanos.  Nunca en la vida pudiera yo comer lo que haya en la basura, eso es degradante; eso es lo que luego le enseñan a sus hijos.- Concluyó.

       El indigente la vio acelerar despavorida, tomo sus cosas, y desapareció.

Eran apenas las ocho de la noche cuando llegó la noticia: Iván, el hijo del patrón se había matado en un accidente. Cuentan que había estado bebiendo todo el día, que  tomó una curva muy cerrada en la motora de alto cilindraje que conducía, y al caer sobre una roca se le abrió el cráneo, muriendo al instante.

      La muerte de Iván, causó una conmoción en la mansión. Llamaron al celular del Don, pero se escuchaba apagado. Siempre les decía, que si no lo ubicaban que no se preocuparan,  él volvería, que era sólo la falta de señal en el área donde tenía  las minas de esmeralda que explotaba en Venezuela hacia años. 

     El funeral se realizó sin la presencia del señor de la casa. Los empleados  comentaban lo que se decía en el pueblo; que aquella muerte fue lo mejor que le pudo pasar porque liberó  al patrón de un problema mucho mayor en el futuro. Muchos creían que la muerte de  Iván no se produciría de esa manera tan repentina y absurda; se lo imaginaban en medio de una masacre, en la que su ego se pondría de manifiesto,  como era su costumbre cuando bebía.

    El novenario tradicional en esas ocasiones transcurrió sin la presencia del Don, y sin saberse nada de su paradero.

     Pasaron tres meses desde la muerte de Iván, y  todo volvía a ser igual que antes, hasta que un día Cristina salió al pueblo con un empleado de la casa, y no regresó. La buscaron por todos los rincones, y se hicieron todas las investigaciones, y no hubo rastros de su paradero; las autoridades la dieron por desaparecida.

     La doña se quedó completamente sola. Sin rastro de su marido, tras la muerte de su hijastro, y  la desaparición de su hija, creía que no tenía  mas remedio que hacer un viaje al exterior y traerse a su hermana a vivir con ella. Ese era el pensamiento que le cruzaba por la cabeza cuando escuchó los helicópteros, ruidos de sirenas, de vehículos que llegaron de una manera aparatosa que hicieron que las seis hectáreas  de aquella mansión, se convirtieran en un hervidero de policías armados hasta los dientes. Pero no hubo resistencia. La Doña logro escabullirse hasta los pasadizos subterráneos  que solo ella conocía. 

      La casa fue ocupada, todos los empelados fueron arrestados para investigación. El misterio se había desvelado: el Don estaba siendo buscado por la DEA acusado de narcotráfico, y lo estaban cercando. Cerraron todas sus cuentas e incautaron todos sus bienes inmuebles y demás propiedades en distintos países: apartamentos, vehículos de lujo, yates, y montones de dinero en efectivo. La muerte de Iván no había sido un accidente, fue provocada por un agente anti narcóticos encubierto; y Cristina había sido detenida para dar detalles sobre la familia, y  la ubicación de su padre.

    A la mañana siguiente, la Doña logró llegar a un área alejada de la casa, y salió a la calle. No llevaba nada encima, solo la ropa que traía puesta. Se cotejo el cabello y se amarró una bufanda de vaqueros que  recogió al salir; tomó algo del polvo de la calle y se lo pasó por la cara, y la ropa, y caminó.

     Su cabeza estaba a punto de estallar. Sabia lo que estaba pasando; siempre supo sobre los negocios turbios de su marido. Era tan culpable como él de todo aquello, por lo que no podía dejarse atrapar, le   esperaba de veinte a treinta años en una cárcel de alta seguridad sin posibilidades de fianza.

      Antes de adentrarse a un área boscosa, miró a lo lejos, y observó cómo se levantaba   aquella gran mansión que era toda una joya de la arquitectura neoclásica, rodeada de gárgolas, pérgolas y gazebos, entre  una extensa jardinería bien cuidada. En ese momento se le llenaron los ojos de lágrimas.

      Entró al área boscosa, y caminó por horas. No había probado bocado desde el día anterior, por lo que se sentía muy débil, pero no podía parar. Llegó a la carretera; había cruzado el bosque. 

     Ante ella se levantaba un hermoso residencial donde vivían las familias adineradas de esa parte de la ciudad. Observó unas personas hurgando entre la basura de los ricos, y se acercó. Reconoció a alguien; era  el indigente a quien le hizo reproches frente a la casa. Había recogido algunas manzanas  y plátanos maduro de la basura. Avergonzada se acercó,   tomó algo y se lo llevó  a la boca.

-          Qué decía usté  patrona, que no se come la basura. Tanto tiempo  detrás suyo y mire como cae;  por la boca muere el pez. Queda usted arrestada, tiene derecho a un abogado,  todo lo que diga puede ser usado en su contra.- Dijo el agente encubierto Daniel Pérez, del departamento anti narcóticos.

    Tiempo después, en una prisión de máxima seguridad la doña negoció su salida, por lo que su sentencia de veinte años fue reducida a prisión cumplida. Todos aquellos lujos que había tenido ya no le hacían falta, ni le importaban; lo único que quería hacer al salir era quedarse en un modesto restaurante, tomar asiento, y comprar una comida.

 

 


 

Pablo Martínez

Dominicano

     

     

 


domingo, 2 de septiembre de 2018

BORRÓN Y CUENTA NUEVA (Relato)


        El alcalde saliente se acomodó en su sillón mientras contemplaba los reconocimientos en forma de placas y pergaminos encuadrados que por su “gran gestión” le había hecho la comunidad. Miró el fino escritorio de caoba centenaria, con un brillo de joya pulida que no tenía nada que envidiarle a la Estrella del África. Miró a su entorno y sintió tristeza. Después de cuatro años se había acostumbrado al cargo y al sentir que volvería a ser un ciudadano más lo llenaba de una nostalgia anticipada que no esperaba sentir. Recorrió con su mente toda su gestión hasta ese mismo momento. Recordó las metidas de pata de sus días de novato y los actos relevantes, sin dejar de lado las proezas de su administración. Fue en ese momento que comenzó a temblar de pies a cabeza. En su afán por compensar los gastos de campaña tuvo que incurrir en acciones dolosas que supo maquillar a la perfección, con lo que  mantuvo los organismos de fiscalización y la opinión pública alejada de la verdad. Ahora estaba en peligro. No tendría el control de nada. Estaría a merced del nuevo alcalde.
-          Tesorero, venga a mi oficina un momento-  Llamó.
    En poco tiempo entró el tesorero a su oficina. – Dígame una cosa, ¿qué tengo que hacer para que la nueva administración no comience a indagar acerca de los presupuestos de  las obras?, porque si no hago algo caigo preso.- Inquirió.
     El Tesorero se cotejó antes de contestar. –Mire señor Alcalde, usted tiene todo bajo control, sólo tiene que hablar con el alcalde entrante, que de seguro llegaran a un acuerdo amigable, y no habrá problemas. Si usted quiere yo mismo me encargo de preparar ese encuentro en un restaurante o un hotel de la ciudad.- dijo.
-          Bueno, si no hay de otra, comience a hacer los contactos, yo me retiro. Acotó el alcalde.
      Esa noche, el ganador de las elecciones municipales compareció a un programa de televisión, y entre las cosas que dijo, estaba la de que inmediatamente asumiera sus funciones como alcalde, realizaría una auditoria que abarcaría a todos los presupuestos de obras municipales, y obras contratadas. 
    Al oír aquello, el alcalde saliente sintió  cómo un hilillo de orines le mojaba los calzoncillos, y de resorte tomó el celular.
- Tesorero, ¿como va el asunto del encuentro con el alcalde electo?- Preguntó.
– Me ha resultado difícil, pero ya he tratado con el que me va a sustituir a mí que es el Licenciado Fortuna, y esta de acuerdo que se lleve a cabo. Mañana me dará la respuesta, yo le aviso, señor alcalde.- Terminó.
     El Alcalde se preparó un trago de whisky con hielo, mientras miraba de lado a las dos jovencitas que le acompañarían esa noche. Pensó en el peligro que podía  correr su estabilidad después de dejar el cargo, por lo que mandó llevar a las muchachas  a sus respectivas casas, no sin antes darle algún dinero. – Hoy esto no se levanta ni con oraciones,- pensó.
     Después de aquella noche, el alcalde electo no dejó de ser entrevistado por todos los medios locales, y las redes sociales. En todas las entrevistas decía que llevaría a los tribunales a todos los culpables de cometer actos reñidos con las leyes; por esa razón la gente del pueblo comentaba en las esquinas y las plazas públicas sobre el fin que tendría el alcalde saliente, a quien todos auguraban con un mínimo de diez años en la cárcel.   
      Faltando apenas tres días para la asumir el cargo, el alcalde electo accedió a una reunión clandestina con el alcalde saliente. La reunión se produjo esa misma noche, en un restaurante de la ciudad capital, en la que cenaron y tomaron vino.
     El día de la toma de posesión, el nuevo alcalde pronunció un elocuente discurso, entusiasta y conciliador, que dejó a todos boquiabiertos.
 – A partir de ahora, esta alcaldía trabajará para todo el pueblo, y en beneficio de su gente. No perseguiré a la administración saliente, por la razón de que me han allanado el camino para un desempeño eficiente de los recursos de este ayuntamiento, por lo que a partir de ahora estaremos  dándole continuidad a los proyectos que se están ejecutando en este momento;  y en lo que concierne al tema fiscal, nuestra política será:   borrón y cuenta nueva.- Concluyó.
      Cuentan que de vez en cuando, los dos ediles se juntan en un restaurante de la ciudad, y que  de la mesa que ocupan suelen  escucharse sonoras carcajadas, entre copas y mujeres tiernas, brindando siempre,  en el nombre del pueblo.





FIN


Pablo Martínez
Dominicano